LOVE IN THE CIRCUS



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Era uno de los días más calurosos del año, la ciudad permanecía en silencio como aguardando una tregua que el sol no parecía dispuesto a dar. El silencio se rompió con el llanto de las pequeñas, su madre las había abandonado a las puertas del convento. En aquella época el hambre y la desesperación, había llevado a muchas madres a desprenderse de sus hijos, pero en este caso la razón parecía otra: las niñas estaban unidas por cadera y hombro. Eran gemelas siamesas. Siendo aún muy pequeñas fueron “adoptadas” por el dueño de un pequeño circo. Al principio eran solamente un fenómeno de feria, algo que colocar entre el hombre lagarto y la mujer barbuda. No fue hasta la adolescencia cuando descubrieron sus dotes para la danza. Viéndolas bailar olvidabas lo peculiar de su situación, era como si sus pies no tocaran el suelo, como si la música las sumiera en un trance del que no querías que despertaran.

Su espectáculo llenaba la pista noche tras noche, cerrando cada función con un rotundo aplauso. Ya nadie las miraba como bichos raros, eran estrellas. Todo era perfecto hasta que un joven mago apareció en sus vidas. Era nuevo en el circo, y desde el momento en que se vieron comprendieron que estaban hechos el uno para el otro. La relación no fue bien acogida por su hermana, esta insistía en que el mago solo quería separarlas. Ella pensaba que solo eran celos y que tarde o temprano lo asimilaría. Pero nunca lo asimiló, hacía lo imposible por separarlos hasta que la pareja comprendió que la única forma de seguir juntos era abandonarla. Una noche tras la función la sedaron y, utilizando la sierra que el mago usaba en su número, separaron a las siamesas. Los gritos de dolor inundaron la noche hasta que súbitamente cesaron. Ambas yacían muertas en el suelo, ¿qué había salido mal?, entonces lo comprendió, no podían vivir separadas ya que en su pecho latía un único corazón.

COMO CADA TARDE



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Como cada tarde se sentó en el sillón a esperar a su marido, sabía que tardaría en volver, pero le agradaba sentarse frente a la ventana y contemplar la vida del barrio mientras la brisa de la tarde acariciaba su cara. Era curioso cómo había cambiado el barrio en estos años. Cuando su marido y ella se mudaron era un barrio tranquilo, donde todos se conocían por el nombre. Ahora, sin embargo, le costaba reconocer las caras que veía por la ventana.

Como cada tarde se preparó un té con galletas, era el único vicio que le quedaba, las galletas con pepitas de chocolate. Antes, podía comerse una caja entera; ahora, por desgracia, el medico se las había prohibido. Le había dicho que las cambiara por unas sin azúcar, pero eso más que una galleta era un trozo de cartón.

Como cada tarde se quedó dormida con la llegada del atardecer. La ciudad parecía arrullarla con su murmullo, era como si saber que la vida seguía su curso la  meciera y tranquilizara. Como cada tarde su hija la despertó para que se uniera a la cena y, como cada tarde, ella le dijo que deberían esperar a su padre. Como cada tarde desde que su madre sucumbió a la enfermedad, se vio incapaz de decirle que papa no vendría. Se vio incapaz de decirle que, aunque no lo recordara, el barco de papa se hundió hace veinte años y  nunca más la despertaría con un beso.

together forever



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Los rayos del sol que se colaban por la ventana acariciaban sus mejillas, era hora de levantarse. Se tomó su tiempo para desperezarse sentada en la cama, hoy no había colegio por lo que no era necesario darse prisa. No sabía que ponerse, ¿quizás aquel vestido de flores que le compró mama?, aunque mamá dijo que solo lo utilizara para ir a la iglesia... qué demonios, por un día no creía que le importara. Se vistió rápidamente y se encaminó hacia las escaleras pensando en qué desayunar; desde que papá discutió con mamá no había vuelto a hacer sus famosos huevos revueltos, y a ella se le daban fatal, así que tendría que desayunar cereales otra vez. Mientras se preparaba el desayuno  no pudo evitar pensar en la discusión de sus padres, ¿Por qué los adultos estaban siempre discutiendo?. No entendía cómo podían estar pensando en separarse, ella era muy feliz estando todos juntos, menos mal que al final todo se había arreglado.

Terminó de desayunar, recogió los platos y se sentó en el sofá a ver la tele. A sus padres no les gustaba que viera tantos dibujos, pero desde el día que discutieron se habían vuelto mucho más permisivos. De repente, empezó a tronar y se asustó, no le gustaban nada las tormentas, corrió hacia la habitación de sus padres en busca de consuelo y los abrazó. Sus cuerpos estaban fríos y no le devolvieron el abrazo, la verdad es que estaban muy raros últimamente, quizá papa seguía enfadado porque había tocado sus herramientas, pero ya se le pasaría, al fin y al cabo gracias al hacha de papá su familia seguiría unida para siempre.
 

ESCAPAR



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Hay muchos días que no puedo más y solo me apetece escapar, dejarlo todo y salir corriendo, resetear y empezar de nuevo, dejando tras de mi todos los errores cometidos.

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Exposición en Mú Restauración



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El viernes tuve el placer de colgar algunas de mis ilustraciones en las paredes de Mú Restauración. Fue una experiencia fantástica, me permitió conocer a Mónica y Andrea, lar artífices de Mú así como el proyecto común que comparten en Las Armas. Es una delicia pasear por la calle y encontrarte con sitios como el Armadillo Ilustrado o La Sala y poder ver trabajar a artistas como Steve Gibson.

Si visitáis Zaragoza os recomiendo encarecidamente que os acerquéis a pasear por Las Armas y descubrir su fantástico proyecto.
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